¿Y si perder la cabeza no fuera una locura, sino una oportunidad? Un día, alguien se despierta y descubre que su cabeza ya no está. Y es ahí, en ese espacio vacío, donde comienza un viaje hacia lo que no se ve.
El patio de la danza nos sumerge en un universo visual lleno de creatividad donde lo cotidiano se vuelve fantástico: un agujero en el bolsillo que nos traslada a un interior de tesoros olvidados. Calcetines desparejados que buscan su tejido neuronal y besos que, al soplarse, crean vida.
A través de la danza contemporánea, descubriremos que perder el control es, a veces, la única manera de volver a escucharnos. Un espectáculo familiar que nos recuerda que, cuando el orden se rompe, aparece la magia. Porque a veces, hay que perder la cabeza para encontrarse.

